En todas las actividades que realizamos en nuestra vida cotidiana, bien sea jugar al golf, hablar en público, caminar, etc… necesitamos un mínimo de activación para que dicha actuación sea adecuada: precisamente ese nerviosismo es el que nos ayuda a que rindamos al máximo de nuestras capacidades.
Todos los jugadores en determinados momentos de la competición notan cómo aumenta su ritmo cardíaco, o sienten un cosquilleo en el estómago o incluso cómo le tiemblan las manos. Estas sensaciones se deben a que el nivel de activación del organismo ha aumentado por encima de lo normal. Cuando un deportista rinde al máximo de sus capacidades no quiere decir que no exista nada de nerviosismo en su interior, es más, es necesario. Sin embargo, como en todas las cosas, los excesos no son buenos. Cuando tenemos un exceso de activación, éste se convierte en ansiedad, exceso de preocupación, estrés…y nos provoca que los músculos se agarroten, nos sintamos fatigados, inquietos, dudosos de nosotros mismos, etc.
El nivel de activación lo podríamos comparar con las cuerdas de una guitarra, tanto si la cuerda está demasiado tensa (enfadarse tras realizar un bogey, cansarse más de lo corriente…) como demasiado floja (distracciones, apatía…) provoca que la guitarra suene desafinada. Nuestro cuerpo es como esa guitarra, tiene que estar en su justo punto de tensión para responder de manera óptima.
Como dice el prestigioso psicólogo deportivo Bob Rotella, «el golf no es el juego de la perfección», y a lo largo de una vuelta de 18 hoyos tenemos multitud de ocasiones en las cuales perder los nervios, enfadarse y «tirar la toalla» son habituales. El secreto del buen golfista es ser capaz de controlar todas estas situaciones donde la presión es muy alta y es necesario hacer frente a todos los imprevistos que se presentan en un torneo.
Existen tres errores típicos en situaciones de presión:
- Permitir que el pensamiento se dirija al futuro.
- Preocuparse por el resultado.
- Intentar arriesgar demasiado
Las distracciones suelen ser uno de los motivos más típicos que nos perjudican cuando estamos en una competición. Y lo peor de todo es que, una vez distraído, el jugador ya no consigue hacer una o varias de las cosas que normalmente lleva a cabo. Por poner un ejemplo, pensemos en un golfista. De repente deja de realizar la rutina que estaba llevando a cabo hasta entonces y se olvida de su plan de juego. Muchas veces, bajo presión, el jugador deja de pensar en su swing y comienza a repasar un listado de errores a evitar. Se vuelve tenso y cuidadoso, pierde el ritmo y la fluidez en su juego. Pero esto no quiere decir estar nervioso: estar nervioso produce adrenalina, y ésta puede ayudar a realizar una buena actuación. Es una reacción natural del organismo a una determinada situación, y si sabemos manejarla es un factor del cual nos podemos beneficiar.
Cuando en una situación de presión comiences a notar que te sudan las manos y que tu corazón se acelera, en lugar de intentar calmar tu corazón y manos, intenta pensar únicamente en el golpe que vas a ejecutar en ese preciso momento. Los grandes jugadores profesionales saben que en lugar de preocuparse de detener el movimiento de las manos, deben enfocar su mente, dejar a un lado las distracciones y atender a su rutina y a su estrategia tan meticulosamente como lo haría en una vuelta de entrenamiento un día que nadie les está mirando. Es posible que el cuerpo mantenga la excitación, pero la mente no deberá estarlo.
En ocasiones también escuchamos frases como «hay que intentar un swing que aguante bien la presión». Si un swing es lo bastante bueno para repetirlo en el campo de prácticas, también lo es bueno para repetirlo en el campo de golf, siempre que los pensamientos del jugador permanezcan estables. Los swings no son los que aguantan la presión; son los jugadores.
¿QUÉ HACER PARA QUE LA PRESIÓN DE LA SITUACIÓN NO TE VENZA?
- Sitúate en el presente y mantén la mente totalmente enfocada en el golpe inmediato que tienes ante ti: si vas ganando el partido, no calcules con quién te tocará en la siguiente ronda, o dónde vas a ir a celebrarlo…Si vas perdiendo, no empieces a pensar en perder el partido o en lo bien que tu oponente ha jugado los próximos hoyos.
- Evita los pensamientos mecanicistas, como pensar en que el ritmo de tu juego debe ser uno u otro, en la manera de sujetar el hierro….Procura estar suelto y libre, que el swing saldrá solo.
- Limítate a seguir tu rutina y tu plan de juego. No lo cambies por nada del mundo, aunque vayas por detrás en el marcador. No te arriesgues a ser más arriesgado si tu idea era la de ser más conservador. No cojas el driver desde el tee si tu idea era la de utilizar un hierro. Es mucho más probable que regreses a una buena posición en la clasificación jugando de forma constante y correcta, dando la posibilidad a tu rival de cometer errores.
Uno de los inconvenientes del golf es que se trata de un juego en el cual la mayoría del tiempo la pelota está parada y el jugador tiene «demasiado tiempo» para pensar. Y si no se aprende a controlar lo que pensamos es muy difícil conseguir la excelencia. Durante una vuelta, la gran parte del tiempo se consume en cosas distintas a la ejecución del golpe: caminar hacia la bola y observar los golpes de tus compañeros. Lo más adecuado es la de dejar de pensar en el golf entre golpe y golpe; es más fácil para la mayoría concentrarse totalmente durante más o menos un minuto cada vez, cuando preparan una rutina previa al golpe. El intentar mantenerse concentrado entre golpe y golpe puede resultar muy cansado. Algunos jugadores suelen hablar entre golpe y golpe, a otros no les gusta nada…en ese caso, mira a los pájaros, mira al público y busca chicas y chicos guapos….
Si el partido se suspende por la lluvia, aún es más importante distanciarse del golf. Lee un libro, escucha música que te guste o cámbiate de ropa. Cuando acabe de llover, convéncete de que la suspensión del juego te ha beneficiado y te va a ayudar. Vuelve a calentar.
Por último, otra de las cosas que más nerviosos ponen a un golfista es el juego de los adversarios. Puedes estar concentrado y optimista porque ves que las cosas te salen como tú esperas, pero de repente tu oponente emboca un largo chip y te descoloca. Sorprendido, te pones nervioso y cada vez más presionado para hacerlo bien. Atiende esto: un golfista debe suponer SIEMPRE que su oponente va a efectuar el mejor golpe posible. Entonces, si eso ocurre, estarás preparado para soportarlo.
Si tienes cualquier duda que me quieras consultar, no dudes en llamarme o en escribirme, te ayudaré en lo que pueda.
María Zubia del Barrio
(psicóloga)
María Zubia del Barrio
Psicóloga
www.psicotraining.org
mzubia@psicotraining.org
Tel: 605 762 291