Cuando miro atrás y me veo hace un año en Oakmont

Cuando miro atrás y me veo hace un año en Oakmont

Blog de Jon Rahm

Hace un año empezó un viaje alucinante. Fue en Oakmont. US Open. Si por aquel entonces, cuando aún era amateur, me dicen que hoy iba a estar en Erin Hills, a punto de jugar mi segundo US Open como top ten mundial, seguramente no me lo habría creído. Ni en mis mejores sueños habría imaginado que iba a estar entre los diez primeros del mundo a estas alturas.

Sí, podía pensar en ganar algún torneo, jugar algún grande, competir regularmente en el PGA Tour y hacerlo bien, cómo no, pero estar top ten, para nada. Eso lo había pensado para un plazo de dos años, más o menos. Cierto es que cuando gané en Torrey Pines ya sí se convirtió en un objetivo para esta temporada. Realmente, es muy especial todo lo que ha pasado desde Oakmont.

Fue mi primer US Open y, por supuesto, se ha quedado grabado a fuego en mi memoria. Cuando echo la vista atrás y pienso en cómo era antes y cómo soy ahora veo muchas diferencias. Como jugador, claro. Quitando lo que he conseguido en el ranking mundial y los éxitos, la principal diferencia entre aquel Jon Rahm y éste es la madurez como jugador. He aprendido mucho sobre mi juego y, además, tengo a Adam en mi bolsa, que es un caddie muy experimentado, y que si me salgo de carril, él consigue que me vuelva a meter.

Estamos a las puertas del US Open y qué os puedo decir. Estoy contento y con mucha energía positiva. Este miércoles he venido a jugar a la misma hora que saldré el jueves para ver las condiciones. Me ha quedado muy claro que los greenes están espectaculares. Si el tiempo aguanta, van a estar perfectos, duros y cada vez más rápidos. Hay que patear con tiento porque cuesta abajo te puedes meter en problemas, hasta el punto de salirte de green. A ver si conseguimos que el drive vaya recto y a hacer pocas… La principal dificultad del campo va a estar en el viento. Si sopla a veinte millas o más, se va a notar mucho.

Me he concentrado mucho en lo que me gusta del campo en vez de quejarme. Si nos vamos al rough no queda otra que aceptar el error y tratar de salvar el par o el bogey para evitar los grandes números. Esa es la clave. Y por último, un deseo: que la alegría y la positividad fluya y que sea una gran semana.