Saber que mi nombre va a estar ahí siempre es un orgullo enorme

Saber que mi nombre va a estar ahí siempre es un orgullo enorme

Creo que todavía no se me ha borrado la sonrisa de la boca tras el triunfo el domingo. Y lo que queda. Ganar la final de la Conferencia del Pacífico, conocida aquí como la PAC 12, es uno de los títulos más importantes que se pueden conseguir durante la carrera universitaria.

Es un torneo muy especial por lo que significa, porque supone añadir mi nombre a un palmarés en el que están Tiger Woods, Phil Mickelson o Paul Casey, entre otros, y porque sé que es muy importante para mi Universidad. Es un orgullo saber que Jon Rahm estará ahí siempre junto a Mickelson o Casey y que los alumnos que vayan pasando por Arizona State lo irán viendo. La felicitación de Casey por Twitter me sorprendió y me puso la carne de gallina. Al fin y al cabo hablamos de alguien que ganó este torneo tres años consecutivos.

Fue un torneo muy emocionante. Creo que jamás he estado más nervioso que la casi hora y media que tuve que esperar hasta que supe que había ganado. Fue un domingo increíble. Salí a seis golpes del líder y acabé ganando con cuatro de ventaja, pero claro allí no nos llegaba nada de información, así que desconocía lo que estaba ocurriendo. No sabía qué hacer, no podía comer, me metí un rato en la sala de ping pong, salí y acabé yendo al campo de prácticas para al menos tirar unas bolas y soltar algo de presión… Fue allí cuando mi entrenador corroboró por el móvil con algunos ‘agentes infiltrados’ que tenía por el campo que había ganado. Os podéis imaginar la alegría.

El torneo no fue nada fácil, más bien al contrario. El campo (The Country Club en Salt Lake City) está en plena montaña, junto a una estación de esquí, muy bonito, sí, pero se hacía muy, muy difícil controlar el vuelo de la bola y las distancias. Además, sopló mucho viento, huracán no, lo siguiente, así que había algunas cosas de locos. Por ejemplo, en un hoyo pegué un drive de 225 metros y un hierro 6 de 120… Imaginaros cómo soplaba en contra. Para añadir aún más pimienta a la semana el rough era tipo US Open, con calles estrechas… Tremendo. No empecé bien la primera vuelta, pero todo cambió en el hoyo 8, un par 5. Tenía 230 metros a la bandera y decidí pegar un hierro 4 para dejarla al borde de green. Sin embargo, por lo que os digo de la altura y el viento, la bola acabó a dos metros para eagle y la metí…

Como sabéis empecé la última ronda a seis golpes del líder, muy lejos, sin embargo la predicción decía que iba a soplar viento y la verdad es que me froté las manos. Sabía que si empezaba bien la vuelta podía tener opciones. Y así fue. Hice cuatro birdies en los primeros hoyos, jugando muy, muy bien al golf, y en el 9 ya estaba líder, aunque claro eso no lo supe en ese momento, sino cuando acabé. Precisamente, por no saber cómo iban los resultados, en el 9 fui demasiado agresivo y acabé con bogey, hice doble bogey en el 10 y entonces hablé con mi coach. Me dijo que estuviera paciente y me puse como objetivo hacer un birdie más antes del hoyo 16. Me la jugué en el hoyo 14. Se podía tirar a green desde el tee asumiendo riesgos y me salió bien. La dejé a 80 metros, un buen approach y la metí. En el 15 hice un buen par y en el 16 tuve la suerte que hace falta para ganar. Fallé el drive de salida, pero se me quedó la bola de tal manera que tenía un pie en el camino, así que pude dropar sin penalidad y se me quedó perfecta. En el 17 hice par y en el hoyo 18 me dejé un putt de dos metros para eagle. No entró pero hice el birdie.

Creo que una de las claves para ganar estuvo en el putter. Hace dos semanas lo cambié. He cogido uno de 37 pulgadas, dos más largo que el anterior, y me va mucho mejor. Me siento muy cómodo desde el principio. De hecho, en mis tres primeras vueltas hice -5, -7 y -8, así que me dije: este putt funciona. Antes no estaba seguro en los putts de metro y medio y ahora tengo mucha confianza. En el torneo hice 26 birdies y un eagle, así que no hay mejor demostración de que va bien.