Jon Rahm presente en el tercer «Grande» de la temporada, el US Open

Jon Rahm presente en el tercer «Grande» de la temporada, el US Open

Se disputa en Peeble Beach (California) los próximos 13-16 Junio 2019

Son dos de los grandes eventos del deporte mundial cada año. Y además se vienen jugando desde hace muchísimo tiempo de modo consecutivo: acaba uno y comienza el otro. Roland Garros y US Open de golf (estamos hablando de la competición masculina). En el de las raquetas, España domina desde 1925 (cuando el torneo se entiende como hoy es) con veinte victorias. Obviamente, Rafa Nadal y sus doce triunfos son algo más que la base de todo, pero no pueden ningunearse los otros ocho triunfos, obtenidos por otros seis jugadores, desde Manolo Santana (1961 y 64), pasando por Andrés Gimeno(1972) y siguiendo por Sergi Bruguera (93 y 94), Carlos Moyá (1998), Albert Costa (2002) y Juan Carlos Ferrero (2003). No sólo no pueden ningunearse, sino que tales éxitos (y eso sin contar con otros siete subcampeonatos…) muestran variedad, calidad y cantidad a partes iguales.

Justo lo que no abunda en el US Open de golf, una de las grandes espinas en la carrera de Severiano Ballesteros, tal y como él mismo reconoció en más de una ocasión y, por extensión, una gran espina ensartada en el corazón del golf español. No hay modo de ganarlo. ¿Por qué? Jon Rahm, por ejemplo, cree que el tipo de campos que se juegan no es lo que se estila en España. Quizá sea una cuestión meramente psicológica, apunta también el campeón vasco. Si Seve hubiera ganado antes este torneo que el Masters, a lo mejor todo hubiera sido distinto…

Pero es evidente que en el US Open hace falta más cabeza que en ningún otro torneo. Lo decía Jack Nicklaus: “es el torneo que separa a los hombres de los niños”, como recordaba también hoy Jon. La de Rafa Nadal, por ejemplo, a nadie le vendría mal. El tenis y el golf no son actividades similares, pero al final, la resiliencia, la paciencia, el control de las emociones y la adaptación al medio, el que toque cada día, son capacidades más mentales que otra cosa. El US Open demanda todo ello en cantidades industriales. Por desgracia, Nadal no hay más que uno, reconoce Rahm, que se recrea en la descripción de sus virtudes. “Mira que yo creo que tengo buena cabeza, pero es que lo de Rafa…” (VER VÍDEO).

 

Recordar a los aficionados, que además de Jon como jugador vasco, limpiando estrías encontramos a los caddies vascos Pello Iguaran (Francesco Molinari) y Javier Erviti (Renato Paratore).

 

Phil Mickelson pega el golpe de salida en el hoyo 9 de Pebble Beach. Al fondo se ve la playa, animada, pero agradable, la gente justa. Más de uno está paseando a su perro completamente ajeno a lo que está pasando unos metros más atrás. Los aficionados auténticos, los que realmente vibran con el golf, están en el campo.

Público tranquilo, disfrutón. Es la noche y el día con el aficionado neoyorkino de vena hinchada de hace un mes en Bethpage. Aquí se aplaude, se anima, pero no se vive como un combate de boxeo. Este es más elegante, delicado, permite incluso que el rumor de la olas que embaten contra el campo se aprecie claramente.

Nada más pegar desde el tee, un aficionado le comenta, levantando sólo ligeramente el tono, sin gritar: “Phil, hit the slam” (Phil, consigue el Grand Slam). No es una exigencia. Suena más a ruego. Es casi una justicia poética. Es el único Major que le queda por ganar, ha sido seis veces segundo, ha ganado cuatro veces en Pebble Beach y el domingo es su cumpleaños…

Mickelson, por supuesto, levanta su pulgar izquierdo y saluda al aficionado con un guiño mientras se toca la gorra con dos dedos. Junto a él camina Jon Rahm. Un Major más juntos. Otra ronda de prácticas absorbiendo información. Mickelson ha jugado, con éste, los últimos cuatro US Open en Pebble Beach. Desde 1992. Un lujo. Jon le pregunta todo lo que se le pasa por la cabeza, sobre todo en los greenes y sus alrededores. Desde el tee es muy difícil, por no decir imposible, tratar de imitar a Mickelson. Tiene sus propias líneas, sus propios golpes. Es un golf de marca registrada. Sin embargo, en caídas de green o en cómo puede salir ésta u otra bola desde el rough, tiene mucho que enseñar. Jon se lo bebe.

No obstante, Rahm y Mickelson son mucho más que unos buenos compañeros de trabajo. Son amigos. Y entre amigos los consejos son de ida y vuelta. Por eso, el otro día, el de San Diego, que andaba algo perdido con su drive, le preguntó a Jon cómo lo hacía él, cuál era su sensación exacta cuando pega desde el tee. Y Jon se lo dijo…

“Yo me centro en la caderas. Subo el palo y después desgiro todo lo rápido que puedo. Haciéndolo de esta manera me pongo apuntando hacia la izquierda y sé que es imposible que la bola salga a la izquierda. Le dije que si él lo hacía enfilando a la derecha (por ser zurdo), jamás le saldrá una bola a la derecha. Le he estado viendo hoy y le he visto muy bien desde el tee”, aseguraba Jon.

¿Y si Mickelson acaba ganando el Grand Slam con la sensación de Jon? “Si lo gana estaré muy contento, pero mucho más si soy yo quien le quita el Grand Slam porque gano esta semana”. Porque sí, amigos y tal, pero ante todo son acérrimos competidores. Los dos.